Se criticó al peronismo como el "cáncer absoluto" del Gran Buenos Aires, responsabilizándolo por la situación de violencia e inseguridad en la región.
Se argumentó que la permanencia de este partido político durante décadas ha fortalecido males endémicos, a pesar de breves interrupciones como la gestión de María Eugenia Vidal.
Se cuestionó la "ingeniería política" del Conurbano, que representa casi el 45% del padrón electoral y se considera un "caldo de cultivo" para la delincuencia.