Se ataca duramente a periodistas como Miriam Bregman y otros que reciben pauta de Kicillof, acusándolos de hipocresía y de criticar a Chiche Zeldon después de su muerte.
Se cuestiona la ética de quienes critican a un colega fallecido y se defiende la figura de Chiche Zeldon como un "prócer" y "maestro del periodismo". Se denuncia que estos periodistas reciben dinero del Estado para operar.