El horror de Auschwitz se revela a través de detalles escalofriantes: se encontraron dos toneladas y media de cabello humano, perteneciente a unas 150 mil personas rapadas, que iba a ser utilizado para la maquinaria nazi.
Los anteojos de las víctimas también formaban parte del botín de guerra, despojados de sus marcos y cristales para ser reutilizados. Estos objetos, que alguna vez reflejaron esperanza en la vida de quienes los usaron, se convirtieron en testimonio mudo del exterminio.
El relato subraya la deshumanización de las víctimas, a quienes se les despojó de su dignidad e identidad antes de ser asesinadas. Los niños, considerados un "estorbo" y un "consumo de alimentos", también fueron víctimas de este plan genocida.