El debate presidencial en Brasil se presenta como un evento crucial, con una dinámica que permite cruces directos entre los candidatos y una disposición espacial que intensifica la tensión.
Las redes sociales y la campaña digital son foco de disputas judiciales, con acusaciones de favoritismo hacia uno de los candidatos y la intervención del Tribunal Supremo Electoral.
Empresas como Meta han emitido comunicados aclarando su posición ante las acusaciones de interferencia electoral, atribuyendo algunos problemas a fallas técnicas y al cumplimiento de normativas locales.