Las elecciones presidenciales en Brasil se presentan sumamente ajustadas, con una diferencia mínima entre Lula da Silva y Flavio Bolsonaro en las encuestas (47,3% vs 45,6%).
Un factor crucial es el alto porcentaje de electores que no votaron en la primera vuelta (alrededor del 21%), cuyo voto definirá el balotaje.
El análisis sugiere que la elección se basará en la confianza en el modelo de gestión actual o en la expectativa de cambio que representa un nuevo gobernante, considerando también el aumento del índice de empleo, aunque no todo sea empleo formal.