El presidente francés, Emmanuel Macron, responsabilizó a la "ultraizquierda" por el clima de insurrección y violencia que atraviesa el país. Tras una reunión con jefes de inteligencia y Fuerzas Armadas, Macron caracterizó la situación como una insurrección orquestada.
Macron advirtió sobre la peligrosidad de narrativas que incitan a la intolerancia y la xenofobia, y llamó a la juventud a no ceder ante la intimidación. Las próximas manifestaciones, convocadas por sindicatos y grupos como los "chalecos amarillos", generan preocupación por su posible carácter violento.
La polarización política se agudiza, con Marine Le Pen (ultraderecha) liderando las encuestas presidenciales con un 36% de intención de voto, seguida por Jean-Luc Mélenchon (izquierda) con un 18%. La crisis social, política y económica deja a Francia en una situación de incertidumbre.