El último bloque del debate presidencial en Brasil estuvo marcado por fuertes cruces entre los candidatos Lula da Silva y Flavio Bolsonaro. Las acusaciones se centraron en temas de corrupción, manejo de fondos públicos y supuestos vínculos con el narcotráfico.
Lula acusó a Bolsonaro de corrupción y de tener vínculos con el Banco Master, una entidad financiera envuelta en un escándalo. Insistió en que Bolsonaro recibió sobornos y utilizó dinero público para fines personales, mientras que la policía federal investigaba la falta de contrapartida en la inversión de una película.
Por su parte, Bolsonaro contraatacó a Lula, acusándolo de mentiroso y de tener vínculos con el banquero Borcaro. Cuestionó el origen de la fortuna de Lula y la forma en que adquirió propiedades, llegando a desafiarlo a abrir sus cuentas bancarias para que la justicia investigue.
Ambos candidatos apelaron a sus legados y al futuro del país en sus mensajes de despedida. Lula recordó su origen humilde y su trayectoria, advirtiendo sobre un posible "régimen parapolicial" si Bolsonaro ganaba. Bolsonaro, en tanto, prometió seguridad, libertad y prosperidad, invocando a Dios para pedir un voto de confianza.