El segundo debate presidencial entre Lula da Silva y Jair Bolsonaro en Brasil estuvo marcado por acusaciones cruzadas sobre políticas sociales y corrupción. Ambos candidatos buscaron diferenciarse y apelar al electorado de cara al balotaje.
Lula enfatizó su legado en políticas de inclusión social durante sus mandatos anteriores, presentando un balance positivo de su gestión. Por su parte, Bolsonaro centró su discurso en criticar la efectividad de las políticas del PT y apuntó a la corrupción como el principal punto débil de su oponente.
Un momento de alta tensión se vivió cuando Bolsonaro cuestionó la pérdida de un dedo de Lula en un accidente laboral, a lo que Lula respondió defendiendo su historia como trabajador y criticando la actitud de Bolsonaro como un "hijo de papá". El debate también abordó temas como el endeudamiento de las familias y el costo de vida.