El avance de las fuerzas nacionalistas y de extrema derecha en Europa presenta un desafío para las democracias, que deben contener o integrar estas corrientes cada vez más fuertes.
Se destaca que el avance de estas derechas radicales no es inevitable y que los votantes europeos también han respaldado alternativas moderadas y europeístas.
Las urnas son un mecanismo capaz de acelerar el deterioro democrático o frenarlo, y el interrogante central es qué tipo de democracia quieren preservar los ciudadanos, garantizando controles al poder e independencia institucional.
Las próximas elecciones europeas definirán no solo quién gobernará cada país, sino también el modelo político que Europa elegirá, su compromiso con Ucrania y su relación con Rusia.