Estudiantes y gremios se congregaron en París para una manifestación que, a pesar de contar con autorización judicial, fue bloqueada por un fuerte dispositivo policial.
La policía desplegó furgones y barreras para impedir el avance de los manifestantes hacia la Plaza de la Bastilla, generando tensión y enojo entre los participantes.
Un delegado sindical expresó su frustración ante la decisión de las autoridades, calificando la situación como un "tire y afloje" entre la jefatura de policía y el poder judicial.
La ley de seguridad global francesa prohíbe enfocar a la policía en primer plano, lo que dificulta la cobertura periodística de los hechos.